Subida al Yebel Sfahia

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Nos encontramos en este día de hoy en Ceuta, 25 de Febrero del año 2001. El día parecía que iba ha ser diferente a lo que las previsiones del tiempo marcaban. Son las siete hora marroquí (Marruecos en invierno tienen una hora menos a la española, y en verano son dos horas) y estamos en marcha, Manolo, Rocío y Javier (yo) en dirección a Tetuán ya que habíamos quedado a las ocho, a unos 40 km de Ceuta. Llegamos Tetuán y nos encontramos en con Celine, Fabrice, Abdelkader por primera vez, no los conocíamos, y a Juan que es la persona con quien quedamos para realizar esta superaventura, por los nombres se puede suponer que Celine y Fabrice son franceses, Abdelkader es marroquí y Juan es español. Nuestra meta era monte cercano a Chef Chaouen. En la carretera nos dimos cuenta que la cumbre estaba llenetita de vapor de agua, o vulgarmente llamado niebla, o nubes bajas, o taró, o ........ por lo que decimos ir a la cordillera de Beni Hessan, aproximadamente por la misma zona, ese día dieron previsiones de viento de poniente y lluvia y por esa zona estas condiciones climatológicas no les afecta. Una montaña, Yebel Sfahia, de unos 1.900 metros. ¡Uff! qué cansancio te entra sólo con escribirlo.

Paramos en un pueblecito en el cual está en un cruce de caminos y vendían tejas marroquíes al borde de la carretera para esperar a Fannie. Durante la espera tomamos unos doscientos cafés esperando a la francesa Fannie, puesto que vive en Chef Chaouen -ya la veréis en la foto-, nos conocimos todos, Celine y Fabrice decían que no conocían bien el español y no os lo creáis son unos fenómenos hablando español, bien es verdad que Fabrice bastante menos que Celine que parece casi española, y Abdelkader un fiera de las comunicaciones, español, francés y también, por supuesto, árabe. Después de que Fannie llegara emprendimos por fin la ruta de los suspiros y ayes (=esta palabra sale de los Ay, Ay, que soltamos en todo el camino). Damos media vuelta y llegamos a una pista la cual nos llevará al pueblo de Betara, pero tuvimos que dejar los coches antes del pueblo, días antes llovió y las pistas en ciertas zonas estaban infranqueables, así que no había nada que hacer, coge los bártulos y llévalos a cuestas hasta la cumbre. Cuando salimos desconocemos si llegaremos, hay nubes y tenemos el día contado, son las doce de la mañana (siempre hora marroquí, once hora española).

Juan y Abdelkader conocen el camino, ya han subido varias veces esta cumbre, según dicen que lo hacen para entrenarse, es decir, que lo hacen así como cuando no quieren hacer nada, ;-). Así que nos ponemos en sus manos y empezamos a subir, el suelo está lleno de barro y lo primero que hacemos al bajar del coche es llenar nuestras relucientes botas en un pringoso y pegajoso barro, sobre todo las botas de Rocío, son nuevecitas. Bueno pues con cinco kilos mas por el barro pegado en nuestras botas comenzamos yendo a la falda del Yebel Sfahia, caminamos durante diez minutos hasta que conseguimos encontrar nuevamente la pista que nos conduciría a Betara. Más tarde en lugar de ir por Betara Juan, nuestro guía, decidió que lo mejor y ante la hora que llevábamos era más coherente el atajar y conseguir encontrar la senda que nos llevaría a la cumbre, hay que recordar que Juan y Abdelkader son los principales exponentes de esta expedición y que por ellos no guiaremos. Después de vadear un riachuelo nos disponemos a abandonar la pista y a subir definitivamente la cumbre.

Canela la perrita de Manolo va la primera, como no, es para no perder la costumbre, después Juan, Manolo, Javier, Rocío, Abdelkader, Fannie, Celine y Fabrice, hay que decir que Fabrice no se encuentra en sus mejores condiciones durante el día le fastidiará la rodilla que en la bajada, sobre todo, le dará una buena sacudida. Bueno retomemos la subida, conforme subimos el orden se irá modificando, conforme hacemos paradas para descansar Fannie, Juan y Manolo se posicionarán de una forma que será impensable el continuar su ritmo a no ser por las paraditas que hacíamos cada hora o tres cuartos de hora. En realidad las posiciones al cabo de casi dos horas de subida era la siguiente: Juan, Manolo o Fannie, Abdelkader, Celine, Fabrice, Rocío y Yo (Javier). ¡Como me costaba!, era agotador, llevaba mucho peso en la mochila, el vino pesa de lo lindo, ahora bien, si no llevas vino para botar la cumbre mas vale que no subas. Gracias a esa botella de vino el Grupo de Montaña liderado por todos los Tetuaníes decidieron agregarnos a su grupo siempre y cuando los españoles lleváramos y cargáramos una botella de buen vino, y así lo haremos.

Ya falta poco para alcanzar la cumbre, así como 200 mtrs. y decidimos comer mientras vemos el Yebel Kelty (2.100 mtrs.) que lo veíamos majestuoso en nuestras narices, mientras comíamos y reponíamos fuerzas de la subida. Eran las dos del medio día aproximadamente. La cumbre del Sfahia estaba ahí pero el Kelty es un sueño real que también está ahí, aun con algo de nieve, poca pero con lo suficiente para que se le vea grandioso y bello, del color de piedra antigua, piedra rifeña, piedra cárstica. La vista majestuosa de la costa bañada por las aguas era apagada por el derroche verde y rocoso del entorno. Mientras comíamos y bebíamos el magnífico vino de la bota de Juan y de la botella que subí nos sublimábamos todos con la vista y de la paz y bienestar, llegamos y nos permitimos el lujo de dormir un ratito.

Después de descansar lo suficiente continuamos con nuestro lucha en contra de los elementos, ya hacía mucho frío, todos nos abrigamos fuertemente, empezaba a hacer viento y veíamos peligrar nuestro objetivo, el Yebel Sfahia, y empezamos a subir lo que nos quedaba, después de un precioso descampado donde pacían un rebaño de ovejas y cabras y sus pastores se divertían vimos a pocos metros la cumbre, agotados continuamos subiendo, cada vez mas piedras y cada ver mas esquistos rotos por la fuerza de los elementos terrestres y que nos impedían continuar pero al fin llegamos, por fin pudimos descansar de la subida, llegamos para abrazar la cumbre también del Kelty, ahora mas cerca que antes pero continuaba lejos de nuestras pretensiones, ya llegará.

La cumbre esta es parte de la visión y eso que la foto no está bien hecha pero estamos disfrutando del paisaje. Ahora toca la bajada, la triste bajada, la melancólica y solitaria bajada. Empezamos pronto puesto que se nos echó encima las nubes, cayó la niebla y empezó a llover, nos perdimos durante unos minutos hasta que recuperamos nuestra posición y continuamos marchando hacia abajo. Fannie llamando a las cabritillas para que no se perdieran, parecía que balaban de desesperación, y conseguía que les siguiera, cada vez que las veía detrás de ellas suspiraba de alivio, ¡ya están aquí otra vez!.

Cada minuto que pasaba se hacía de noche. Ya estábamos tan bajo que pasamos por Betara, el pueblecito por donde deberíamos haber empezado a subir, y por donde supuestamente deberíamos haber dejado los vehículos pero tuvimos que andar aun unos cuantos kilómetros mas. Al final de todo nos volvimos a llenar las botas del pringoso barro del inicio y así nos introdujimos en los coches.

Cansados, agotados, destrozados, con ganas de llegar a nuestros hogares pero con el alma y el espíritu lleno de vida, lleno de buenos momentos y de la lívido renovada para continuar las duras tareas diarias que la sociedad nos impone vivir.

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© Javier Sancho
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