Escudo de Londres

Viaje a Londres 2010

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El Palacio de Westminster y el Big Ben

Ciudad fundada por los romanos sobre el año 43 y que se transforma al rededor del río Támesis. Actualmente es la capital del Reino Unido formado por Escocia, Gales, Inglaterra e Irlanda del Norte. Ciudad en la que se encuentra el centro político, cultural y económico del reino de Isabel II, su reina en la actualidad. Para el que aún no lo sepa se habla ingles y su moneda es la libra. Estoy hablando de Londres (London).

Comenzamos con un billete de un avión «low cost». Se hacía interesante el viaje, bueno, bonito y barato. El billete lo conseguimos con un mes y medio de antelación, aproximadamente. Y una vez comprado se comienza a conseguir el resto del paquete. Todo es organizado por uno de los miembros del grupo que también nos guiará por Londres puesto que estubo un año viviendo cerca de la city. No obstante aun así se caerán unos cuanto componentes, de esto me entero a toro pasado, en Londres, y al final nos encontramos en la capital inglesa siete.

De los siete sólo dos salimos desde Ceuta, una aventura hasta llegar al aeropuerto de Málaga, pero esto es algo a lo que estamos acostumbrados los que vivimos en Ceuta.

El avión sale el jueves once del mes de noviembre del 2010, sin escalas hasta Londres. Ryanair será la compañía que se encará de hacer el trayecto de ida y el de vuelta. Las condiciones para que el billete sea barato son menos que peculiares después de volar en otras compañías de bandera no tan barata. No existe emisión de la tarjeta de embarque en el aeropuerto, la tienes que imprimir en tu casa, si se te olvida pagarás casi lo que te cuesta el billete. A la hora del embarque existen dos colas la «prioritaria» y la «otra fila», ya sabréis que cola es la que entra primero en el avión y como en los billetes no van los asientos numerados los que entran primero se sientan primero y eligen los mejores sitios, los «prioritarios». En el vuelo los trabajadores del vuelo no son mas que meros comerciales de Ryanair puesto que no paran de venderte cosas, ahora comida, ahora los famosos calendarios de la compañía con algunas azafatas ligeras de ropa, ahora boletos de la suerte, y mas. Por algo son baratas por algún sitio tienen que sacar mas para sobrevivir. De todas formas si no sucumbes a sus encantos sus vuelos son ventajosos.

Llegamos a Londres, al aeropuerto de Stansted, un aeropuerto pequeño pero coqueto y organizado. La estación es un cuadrado divido en dos. Una de las partes para lo que ya han facturado y han pasado el control de seguridad el resto para los que aun no lo han hecho y los visitantes. Cuando llegamos nos hacen enseñar nuestra documentación como miembros de la U.E., algo que es la primera vez dentro de la U.E. que me hacen enseñar.

Nos montamos en el autobús de la compañía EasyBus cuyos billetes los sacamos con antelación por Internet. El autocar, después de una hora y veinte minutos -y dicen que el aeropuerto se encuentra en Londres-, nos deja en la misma boca de metro que debemos entrar para llegar a Piccadilly Circus donde nos esperan para ir al \'hostal\'. Pero el metro se encuentra cerrado. El metro es un pequeño caos puesto que están cerrando y abriendo las estaciones a cada momento y sin avisar, si te toca, te tocó y mala suerte. No se si es por naturaleza normal, o lo hacen para preparar el metro para las olimpiadas del 2.012.

Visto que el metro está cerrado tenemos que improvisar y nos montamos en un autobús después de preguntar varias veces y estudiar como funcionan los autobuses en Londres leyendo los carteles de las diferentes rutas. Por fin no nos equivocamos y nos montamos en uno que nos lleva a Piccadilly. Allí nos encontramos con parte del grupo y realizamos las presentaciones oportunas y nos enseñan nuestro lugar de hospedaje. Descansamos un rato y salimos a dar un paseito y tomar un primer contacto con la ciudad. También comemos algo, no nos hemos llevado a la boca nada desde que salimos de Ceuta, salvo un mini refrigerio en Málaga.

Tenemos tres días por delante, así que habrá que escoger bien que es lo que queremos ver pero ya nos tienen programado las visitas día a día. Un programa completo de monumentos y de mercados, un deporte muy solicitado por los ingleses que visto lo visto les encanta los mercados en la calle tipo rastro de Madrid.

Esa noche, que llegamos a la una aproximadamente, vemos un poco de lo que al día siguiente nos tocará ver nuevamente pero lo vemos con la decoración nocturna. Me doy cuenta que Londres no está bien iluminado, le falta luz además con el gusto que tienen al negro y rojo hace mas tétrico el paseo nocturno por sus calles, supongo que de ahí vendrá toda la literatura de intriga inglesa, estas oscuridades no dan mas que para iluminar la imaginación.

A la mañana siguiente nos levantamos y comenzamos con un desayuno ingles compuesto de huevos, beicon, chorizo o salchichas y unas alubias pequeñas que no se como se llaman, además de un te o el peor café que he probado en mi vida hasta ahora. Los ingleses tendrán un buen te pero con el café no tienen gusto, no se donde compran la materia prima pero no creo que sea en un país cafetero de primera linea. Tienen que aprender de los italianos o de nosotros mismos, los españoles. También Portugal tiene un gran café. Después del desayuno comenzamos desde Piccadilly y marchamos dirección a la plaza de Trafalgar, donde se encuentra el National Gallery, y la estatua del Almirante Nelson. Es una plaza muy concurrida, y pisada por miles de personas de multitud de nacionalidades. Londres es un pequeño compendio del mundo. Desde esta plaza se puede ver el Big Ben, el famoso reloj. Me cuentan que el Big Ben se alza en el cielo de Londres para que todos los londinenses pudieran ver la hora y así no tener motivo para llegar tarde a ningún sitio, supongo que de ahí vendrá el estereotipo de la puntualidad inglesa. Nelson se encuentra sobre un pilar alto, muy alto, tan alto que no se le puede ver la cara ni casi nada. Pero bueno me creo que es él. Continuamos por una calle llamada Whitehall que los guiará hasta el Big Ben. Por esta calle pasaremos cerca del 10 Downing Street, la residencia del Presidente del Gobierno ingles; por un Cenopath, el monumento a los caídos en la guerras inglesas aunque inicialmente fue levantado para conmemorar los caídos de la PGM. Pero antes pasamos por el «Horse Guards» que había dos grandes caballos negros preciosos con sus jinetes haciendo guardia, esplendido. Estas demostraciones militares les encantan a los británicos, aunque no dejo de reconocer que estas actuaciones gustan a la gente en general y aumentan notablemente el turismo. El britanico no siente vergüenza de su historia ni tradiciones como otros lo sienten, sino que la enseñan y se sienten orgullosos de ella, pese aquien le pese.

Pasamos cerca del Big Ben y continuamos por la parte trasera del Parlamento y Cámara de los Comunes o Palacio de Westminster. Este recinto está declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO. En uno de sus laterales se encuentra el jardín de la torre de Victoria, en el cual se encuentra la escultura “los burgueses de Calais” y la fuente en memoria de Buxton que conmemora la emancipación de los esclavos en Gran Bretaña. Es un pequeño jardín muy tranquilo en el puro centro de Londres, no tiene flores, que recuerde, sólo césped y árboles, en el cual puedes ver el río Támesis sentado en sus bancos. La fuente es pequeña pero decorada con vivos colores que la hacen el centro de atención del jardín. Los colores en Londres son vivos, se aprecian fácilmente y son básicamente colores básicos verde, azul y rojo y sus diferentes tonalidades, pero no dejan de ser colores vivos.

Cruzamos el puente Westminster y continuamos por la otra orilla del Tamesis. Llegamos al London eye, polémico en su utilidad y ubicación pero parece que da pingües beneficios a la ciudad de Londres. Y seguimos nuestro camino por el Royal Festival Hall y por el Teatro Nacional. Nuestro fin es conseguir ver el neogótico Tower Bridge o puente de la Torre.

Antes comeremos en el Borough Market uno de los aproximadamente ciento cincuenta mercados existentes en Londres. Un mercado cubierto casi en su totalidad predominando colores verdes. Es el mercado mas pequeño de los tres que veremos y dedicado prácticamente a comida. Comida tahilandesa, cocina china, india, mejicana, española, de todo menos cocina inglesa, divididas por zonas. Zumos de todo tipo de frutas y alimentos, hasta de brotes de cebada. Me comí una bandeja de comida de cuatro libras de comida tahilandesa llena de curry. Ardiendo, con arroz y pollo y sobre todo de pie como todos los que estábamos degustando este \'manjar\'. Lindando con este mecado tomamos una de las pocas cervezas inglesas que probamos en el viaje en un bar-restaurante especializado en cervezas de todo el mundo, incluso se permite el lujo de producir su propia cerveza de cebada y de trigo, la de trigo, que es la que tomé, estaba exquisita y muy fresca.

Salimos, después de descansar los pies, nuevamente dirección a río en busca del Puente de la Torre. Pasamos por debajo de varios puentes y un barco de guerra, el H.M.S. Belfast, y por fin vemos el esperado monumento, a lo lejos. Lloviendo, por supuesto, ya que comenzó un poco antes de salir del bar y no parará hasta que lleguemos al hostal. El puente magnifico, de color azul en sus tirantes y barandillas y blanco en sus refuerzos superiores. Pasar por su pasarela fue como trasladarse a la época y soñar como se levantan sus levas para que pasen los grandes navíos que surcan el Támesis. La primera visita fue muy rápida, llovía y estábamos cansados, teníamos ganas de llegar al hostal para secarnos, descansar y cenar algo, no habíamos comido nada desde la comida en el mercado.

Al día siguiente salimos del hostal y nuevamente tomamos nuestro desayuno inglés y salimos buscando nuevas experiencias y aventuras. Tomamos la calle Piccadilly dirección Green Park. Vamos buscando los escaparates de Fortnum & Mason que son famosos por su originalidad, este año el tema ha sido la representación de diferentes cuadros existentes en el National Galery, su realización es espectacular. Están hechos en tres dimensiones, a base de capas y las capas mas cercanas al observador son fabricadas con rellenos para mejorar la sensación de profundidad, de tal forma que cuando te acercas ves el cuadro en tres dimensiones y si lo miras en la horizontal exacta con respecto al centro del cuadro lo admiras en dos dimensiones. Muy bonito y muy conseguido.

Continuamos nuestra andada y vemos el hotel Ritz, que linda con el Green Park hacia donde vamos. Nuestra meta primera es el cambio de la guardia en el Buckingham Palace. Llegamos tarde después de atravesar todo el Green Park. Ya ha comenzado. Las miles de personas que rodean la verja del palacio no nos dejan ver bien ni el palacio, ni el cambio y decidimos continuar por Constitution Hill para pasear por el Hyde Park.

Al final de la calle encontramos un arco de triunfo en honor los caídos por Gran Bretaña en la guerras napoleónicas llamado Wellington Arch. Cerca de este arco tenemos la estatua del primer duque de Wellington como vencedor en la batalla de Waterloo; y por último otro monumento a los soldados de artillería de la SGM. Pero antes de llegar nos brindan con un pequeño desfile de guardias a caballo que van en la misma dirección que nosotros y cruzan el arco por su único ojo central, nos ilusiona ver el colorido de las capas rojas de los soldados en contraste con el negro azabache del pelo de los caballos. Los ingleses tienen una especial simpatía por el negro y el rojo puesto que obserbo que el mobiliario urbano tienen estas tonalidades básicamente. El golpeteo de los cascos de los caballos al caer en el suelo suena a la escena antigua que te traslada la imaginación, pero rápidamente se rompe por el ruido de los vehículos que los policias, también montados a caballo, tienen que parar.

Después hacer las fotos de rigor nos adentramos en el pacifico parque Hyde. Un parque silencioso y lleno de gente paseando, o dando de comer a los animales. Se aventuran a ser alimentados por la mano del hombre tanto pájaros como algunas ardillas. En este parque la gente compra los bancos para sentarse y hacer grabar los nombre de aquellas personas que quieren mantener un recuerdo de su paso por esta vida. Existe un lago llamado Serpentine lleno de patos, cisnes, palomas y otras aves que también se dejan dar de comer. Bordeamos el lago hasta que llegamos a un puente que atraviesa el Serpentine y nos encara a Kesington Gardens. En el encontramos un espejo curvo de lo mas gracioso y con un efecto especial, refleja la imagen que tiene en frente del revés. Más a delante vemos un edificio tapado y resulta que es el Palacio de Kesington que no conseguimos ver y salimos por la calle Bayswater en busca del mercado de la película Notting Hill o Portobello Market. Increíble, hay de todo, músicos tocando, ropa, regalos, discos, comida, cualquier cosa que busques es muy probable que lo encuentres allí. Y gente, mucha gente, y mas gente. A los londinenses no hace falta animarles para que salgan a la calle a pisotear sus múltiples mercados, salen solos y sin pilas. Ahí está la famosa tienda de libros de viajes de la película que menciono antes. La gente se hacía fotos en su escaparate como recuerdo de su paso por este lugar.

De vuelta al hostal nuevamente el metro nos juega otra de las suyas. Estamos sentados dentro del vagón que llevaba parado ya unos diez minutos. Por megafonía escuchábamos que decían algo, pero como hablan tan rápido no entendíamos bien que decían y nos tuvieron que echar. La verdad es que veíamos a la gente salir de los vagones, pero no toda. Y supones que como aun quedan estaciones por parar los que salen se quedan en la parada, pero no. Tenemos que buscarnos nuevamente la vida para llegar a Piccadilly Circus. Ya os dije antes que el metro es un caos en cualquier momento puedes esperarte cualquier cosa.

El tercer día fuimos a los almacenes Harrods. Al ser Domingo abrían a las once de la mañana y esperamos afuera con el agua que estaba cayendo. Son unos almacenes de lujo, y están magníficamente decorados. Algunas de sus salas son una obra de arte. Pero hasta su publicidad te la venden, lo único que te dan es un librito con los planos de sus instalaciones para que no te pierdas y encuentres rápidamente lo que encuentras. Es un emporio de la venta al por menor.

Al salir de estos almacenes nos vamos a otro mercado, al Stables Market en el barrio de Camdem y cerca del canal de Camdem. Por lo visto se quemo hace unos dos años y está reformado casi por completo. Está rehabilitado con sumo gusto. Por su puesto el tema principal es el caballo ya que eran unos establos. Se ha mantenido su estructura y en cada una de las cuadras se ha instalado una tienda. Aquí también hay de todo. También es muy grande cuando entras, empiezas y no sales, llegamos hasta el propio canal saliendo por este a la calle A502. Una especie de alguacil hacía tocar una trompeta invitando a los visitantes a entrar a la parte de abajo. Un personaje muy particular. Después de comer un poco me ofrecí voluntario para enseñar a Sandra, componente del grupo que se suma un día tarde, para enseñarle lo que no pudo ver, la zona real de Londres, desde el Palacio de Westminster hasta el puente de la Torre. Ya no podía mas con los mercados, mi cupo de mercantilismo había llegado a desbordarse y necesitaba un pequeño baño de cultura arquitectónica.

Ni que decir tiene que nuevamente el metro nos cierra la estación en la que íbamos a entrar y tenemos que buscar una nueva entrada. Es desesperante esta forma de trabajar del metro londinense, y quiero pensar que lo hacen por las Olimpiadas. Es toda una aventura pisar este medio de transporte. Dicen que es el más antiguo y el más largo.

Ya el Lunes toca la vuelta y resultaba que era el día siguiente, y la odisea de la vuelta es la misma que la ida por lo que tenéis que leer la primera parte pero al revés.

Ha sido un viaje relámpago y una experiencia positiva. Mi inglés, he dicho «inglés», lo siento se me ha escapado. No hablo inglés sólo lo escucho. Ahora estoy estudiando esa lengua en la Escuela de Idiomas de Ceuta con mi profe Ángela. Espero que esta asignatura me vaya bien puesto que me cuesta mucho, soy de ciencias.

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© Javier Sancho
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