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REFLEXIONES

Halloween contra tradiciones

En Cortes de la Frontera el 03 de Noviembre de 2013

Llevo mucho tiempo notando la creciente destradicionalización de nuestra juventud en nuestras tradiciones. A cambio las modifica en la dirección anglosajona y las hace suyas como si siempre hubieran estado en nuestra sociedad. Los españoles solemos adaptar con mucha prontitud las costumbres extranjeras a nuestra forma de vivir haciendo que la nuestra quede relegada a un segundo lugar, o incluso llega a desaparecer. Es como si tuviéramos, que creo que lo tenemos, un sentimiento de inferioridad con respecto a todo aquello que nos venga de afuera. Como si lo nuestro estuviera desfasado y ya no sirviera, además se hubiera que cambiar a los nuevos tiempos ya que, por lo que parece ser, no responde a las preguntas actuales..

Recuerdo cuando mis padres y los vecinos del pequeño caserío, en el cual teníamos una casita de campo a la que íbamos todos los fines de semana, se reunían el día 25 de diciembre. Pedíamos todos juntos de casa en casa el aguinaldo después de la cena y de la misa. Íbamos cantando, comiendo peladillas, o polvorones o lo que hubiera, tocando panderetas, raspando botellas de anís y cualquier otra cosa que emitiera sonido y convertirlo en instrumento. Todos al son de cualquier villancico que supiéramos, y cuando no lo sabíamos lo cantaban los mayores para enseñarnoslo y de esta forma se transmitan de boca en boca esas canciones llenas de vida. Qué tiempos aquellos en los cuales nuestra cultura era completa haciendo de nuestras vidas un conjunto armonioso. Estas vivencias no las vivirán nuestros niños y se perderá. No viven la Navidad. Sólo la sienten como aquello divertido y vacacional, no la sienten como un tiempo de adviento y de felicidad por lo que va ha nacer y, también para el no creyente, un tiempo de amistad y un tiempo para cultivar la vecindad y humanidad. Los niños la viven de forma mercantilista. Escriben dos cartas una a los Reyes Magos, y otra al Papá Noel anglosajón que nos han metido en nuestras vidas, y nosotros hemos aceptado. Se coloca el Árbol de Navidad anglosajón sin nuestro tradicional Portal de Belén. La estupidez antirreligiosa española llega incluso a estos límites insospechados, la adopción de las tradiciones religiosas de otras culturas antes que adoptar la nuestra de siglos y siglos.

Con la Semana Santa pasa lo mismo. Hace unos años hemos vivido una autentica guerra dialéctica en nuestra sociedad sobre la posibilidad de que la Semana Santa sea abolida de nuestro panorama tradicional haciendo que este periodo no sea festivo. La suerte que tenemos es que económicamente hablando es muy rentable por el turismo que atrae. Los irresponsables anticlericales se han propuesto romper con todas nuestras tradiciones que son la base de nuestra sociedad. Lo queramos o no lo queramos es así. Y somos lo que somos gracias a estas tradiciones, y rompiéndolas no hacemos mas que poner piedras en nuestro camino, que se traduce en trabajar el doble para llegar nuevamente al principio del camino trazado por nuestros antepasados, es la historia. Ellos ya lo pasaron por nosotros.

No puedo entender, aunque lo intento, cómo por una gran parte de los padres intentan asistir, y por ende mantener, a las tradiciones populares en los pueblos, sus fiestas, sus reuniones sociales, sus ferias agrícolas,.... De esta forma se sienten realmente arropados de forma inconsciente por todos los que les rodean en el pueblo, sus semejantes culturales. Cuando visitamos nuestros pueblos sentimos esa carga cultural con orgullo y satisfacción. Nos llena de tranquilidad porque sentimos que nos invade la historia y las vidas de nuestros antepasados. Y en cambio seamos tan permisivos con nuestros hijos a la hora de enseñarles otras tradiciones como el Halloween anglosajón. Cómo somos capaces ser tan egoístas de no enseñarles a nuestros hijos aquello que nos llena tremendamente de satisfacción y engrandece nuestro espíritu saboreando lo que nuestros padres nos enseñaron. Y sobre todo, sabiendo que eso que es tradicion es calidad de vida. Parece que tengamos miedo de caer en ese saco, que una parte de la sociedad, nos ha impuesto y en el cual se meten a aquellos que no son modernos por que no rompen con nuestras tradiciones históricas.

Me gusta el Halloween, es divertido. Los niños se lo pasan en grande y disfrutan disfrazándose y pintándose la cara de colores espectrales. Eso está bien, pero, no olvidemos nuestras tradiciones. Enseñemos a nuestros chavales que está bien divertirse y que también se pueden divertir con lo nuestro. Enseñémosles a ser felices dentro de nuestras tradiciones que son las suyas, no les confundamos. Consigamos que se armonicen y acepten su historia para que puedan llegar a vivir con calidad, y por supuesto, dentro de nuestro tiempo.

Quien olvida su historia está condenado a repetirla, decía Marco Tulio Cicerón. Las tradiciones no es otra cosa que un compendio de nuestra historia sólo que condensado en actos y maneras de vivir que repetidas nos dan las pautas, de forma inconsciente, de lo que no debemos repetir o si debemos continuar.